Alba Roig

Por

Alba Roig

Publicado

noviembre 8, 2017

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social media

¿Sabías que la mayoría de nosotros pasamos el 70% del día conectados a las redes sociales?... el resto debemos pasarlo durmiendo, porque incluso mientras comemos nos resulta difícil desconectar y centrarnos en saborear ese delicioso plato o charlar con nuestros compañeros.


¿Te suena el concepto nomofobia? Muchos de nosotros “dependemos” (bendito concepto, éste de la dependencia) del e-mail para realizar nuestro trabajo, necesitamos visitar miles de páginas web para informarnos, estar al día y tratar de calmar esa voz interior que nos dice “el mundo entero cambia tras tu pantalla cada vez que separas la vista de ella, ¡no te quedes atrás!”.

De una manera u otra, y también en el plano personal (nuestro alter ego online no se queda en la oficina el fin de semana), estamos pendientes de nuestro timeline, de cómo responde la gente (¡a la que muchas veces ni conocemos!), del «¿gusto o no gusto?», de esa imperiosa prisa por responder porque la inmediatez nos parece ya lo más natural. ¿Recordáis la campaña de Durex #Connect?


La tecnología, ¿amigo o enemigo? Cuando enviar un correo electrónico, un WhatsApp o actualizar 5 redes sociales a la vez resulta tan sencillo y poco costoso, se produce de forma natural un uso excesivo y un abuso de la información (y el exceso es enemigo de la calidad).

La tecnología nos permite mantenernos permanentemente conectados (a veces no puedo evitar visualizar mi mente como un sinfín de informaciones hipervinculadas), creyendo que ello nos ayuda a mantener altos niveles de productividad, eficiencia y creatividad. Pero, ¿de verdad puede nuestra mente estar continuamente conectada soportando esa tensión? Todos sabemos que no. Estar en ese estado de permanente atención (y tensión) genera estrés, y biológicamente no estamos hechos para estar siempre estresados.

Desconectar para poder conectar

Para poder ser productivos, necesitamos tiempo para desconectar, pensar, procesar y poder actuar sobre la información realmente importante. Si encontramos la manera de instalar una válvula de escape en nuestro engranaje, que canalice el vapor cuando se acumula, nos sentiremos mil veces mejor, seremos capaces de gestionar nuestra mente de forma más eficiente y ser muchos más creativos. Algunas personas, necesitan un momento a solas, una copa de vino y cerrar los ojos escuchando a Louis Amstrong. Otros, necesitan una sesión de judo, quizá unos largos en la piscina, bailar, hacer teatro o pintar (no en vano se han extendido cual video viral, prácticas deportivas como el running). Sólo si logramos encontrar aquello que nos permite desconectar del día a día y conectar con nuestro cuerpo, seremos capaces de conectar de nuevo utilizando todo nuestro potencial.

Cuando la mente se relaja, especialmente con la práctica de un ejercicio, el cuerpo segrega endorfinas, haciendo que nos sintamos más…. «felices». Si logramos encontrar aquello que nos permite desconectar del día a día y conectar con nuestro cuerpo, seremos capaces de conectar de nuevo utilizando todo nuestro potencial, siendo capaces de afrontar el estrés de una forma más relajada, más inteligente y con las ideas más claras. ¿Alguna vez se te ha ocurrido una idea genial estando sentado frente al ordenador? Apuesto a que no.

Debemos aprender a desconectar. Gestionar la desconexión y promoverla en el equipo para transformar el estrés en motivación y los obstáculos en retos. Y ya que es viernes, ¿qué tal si aparcamos los móviles y nos dedicamos el fin de semana?

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