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Publicado

agosto 6, 2015

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comunicación

En un mundo saturado de información, puede ser a veces imprescindible captar la atención de audiencia sin parar a pensar en la ética en comunicación.


Una serie de criterios y normas delimitan la libertad del periodista a la hora de hacer pública una información. Por fortuna no es extensa la lista de motivos que prohíben su difusión, y digo por fortuna desde el punto de vista de una sociedad en la que la libertad de expresión está en su mayor apogeo.

Tras los atentados de Charlie Hebdo en París, se reabrió el debate sobre los limites de esta libertad tan defendida en el mundo occidental y cada vez mas reclamada allí donde no la ejercen. Debate en el que a pesar de las críticas que recibieron los dibujos de Charb, Cabu, Wolinski y Tignous, por faltar el respeto a una creencia sagrada para muchos, una vez más salió ganando el derecho a ejercer la libertad de expresión ante todo y no matter what.

Este artículo no pretende hacer una crítica de este derecho sino resaltar que no son muchas las ocasiones en las que se cuestiona, y hacer reflexionar al lector sobre los conflictos morales que esto conlleva.

La primera razón por la que es tan delicado poner en duda este principio es la definición de la libertad como derecho absoluto y fundamental, estipulada en el artículo 19 de la Declaración de Derechos Humanos, y a la que Mill dedica su obra On Liberty. La segunda, no por ello menos importante, el deber moral de informar al que se ve sometido todo periodista y medio de comunicación. Estas dos asunciones limitan a veces el campo de reflexión ética en comunicación del que derivan los criterios morales que han de aplicarse a la praxis informativa.

Y es que la velocidad a la que se difunde la información, aleja cada vez más los códigos deontológicos que rigen la profesión, de la práctica periodística, dejando así de lado la importante cuestión de saber si en una defensa total de la libertad no estamos olvidando otros valores que podrían igualarse a esta en importancia, como la dignidad de la persona que defendía Kant. En su presentación para el libro Éticas de la información y deontologías del periodismo, María Teresa Aubach, decana de la Facultad de la Información de Ciencias de la Información de la Universidad Pontificia de Salamanca, señala la importancia de tener siempre presente cuál es la función del periodista. Cegados por el afán de llegar a ser un “buen periodista”, es importante no olvidar que ante todo, su papel fundamental es el de ser “periodistas buenos” al servicio de la dignidad humana.

La inexactitud de la deliberación moral no hace de ella un argumento contra la deontología. Al contrario, subraya la importancia y necesidad de dedicarle el tiempo necesario a encontrar el punto de inflexión que haga justicia a ambas exigencias periodísticas: el deber de informar y la protección de la dignidad de todo aquel involucrado en la noticia. Por ello, es importante saber hacer buen uso del autocontrol del que disfrutan. No interpretarlo como una vía de escape a la regulación, sino como un instrumento clave para averiguar hasta que punto un principio debe ceder al otro, cuando estos entran en conflicto.

Existe una tendencia a asociar la ética en comunicación con algo abstracto cuyos principios son difícilmente aplicables en la práctica, y la falta de esta, a un fallo de carácter menor. En un mundo saturado de información, se considera a veces más imprescindible captar la atención de la audiencia sin parar a pensar que la forma en la que se transmite el mensaje, por muy cierto e importante que sea, pueda ser controvertida. Ahí es donde la ética en comunicación del siglo XXI flojea, su talón de Aquiles.

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